lunes, 21 de julio de 2008

El comercio azteca o meshica


EL COMERCIO AZTECA O MESHICA

Los aztecas tenían un régimen político estable, aunque completamente diverso del que existía en España y el resto de Europa.
Habían dos clases de comercio claramente diferenciadas: COMERCIO LOCAL O METROPOLITANO y COMERCIO FORÁNEO O EXTERIOR.

COMERCIO LOCAL O METROPOLITANO.
Sus principales características eran las siguientes:

Se componía de productos derivados tanto de las negociaciones realizadas entre comerciantes, así como de los tributos impuestos a los pueblos sometidos.

Era realizado por mercaderes profesionales llamados pochteca u oztomeca.

Se verificaba en los mercados llamados tianquiztli o tianguis.

Los mercados estaban ubicados en las parcialidades o divisiones político territoriales de Tenochtitlán.

En cada parcialidad existía un templo o teocalli, un palacio o tecpan, que circundaban la plaza donde se verificaba el tianguis, un altar o momoztli, donde se colocaba la efigie del Dios del mercado llamado Yacatecuhtli, a cuyo pie los mercaderes depositaban sus ofrendas que eran aprovechadas por los sacerdotes.

Las tiendas o almacenes eran desconocidos y estaba prohibido comerciar cualquier cosa fuera del tianguis, que no fuera comestibles. Esta prohibición tenía una justificación político-religiosa.

Había un tipo de mercado cotidiano que se verificaba los días que se requería de las primeras horas hasta el mediodía. Había un mercado mayor o macuillitianquiztli, de cinco en cinco días al que asistía un mayor número de personas.

El mercado más importante fue el de Tlatelolco, ya que era diario y a él acudían entre 20,000 y 25,00 personas y los días del mercado mayor asistían 60,000 personas.
Concurrían personas de diversos lugares y actividades: alfareros y joyeros de Cholollan, plateros de Azcapotzalco, pintores de Tetzcoco, floristas de Xochimilco, fabricantes de bancos de Cuautitlán, etc.

Las mercancías eran transportadas por bestias de carga o bien por cargadores llamados tlamama o tamemes.

El tráfico de mercancías se hacía en puestos desarmables cubiertos con mantas para resistir el sol y la lluvia dispuestos en hileras dejando calle de por medio a los compradores y en los sitios señalados de acuerdo a su oficio o clase mercaderías.

Los artículos objeto de tráfico comercial eran muy variados: animales vivos y muertos, verduras, frutas y comestibles de todas clases, pieles, vestidos, adornos, cerámica, flores, perfumes, hierbas, gomas y resinas medicinales, medicamentos preparados, toda clase de telas y manufacturas de maguey, palma, algodón, pluma, pelo de animal, metales como otro, plata y cobre, piedras preciosas, etc. También se comerciaban esclavos. Las mercancías de mayor tamaño dedicadas a la construcción, troncos, cal, adobes, madera, etc., se expedían fuera de la plaza.

Las transacciones se ajustaban por número, tamaño, extensión, capacidad y longitud. El sistema métrico estaba relacionado con el cuerpo humano y la numeración era vigesimal.

Las medidas más usuales eran: para granos y semillas: puñados o centlamatzolli. Una medida de peso era el tlamamalli o carga colocada en una rejilla soportable por un tameme (cargador) durante una jornada. Líquidos y bebidas en unidades de tragos o cemixcolli. Para longitud se usaba el cémmatl (distancia entre extremo delanteros de un pie y el extremo de la mano del lado contrario puesta en alto) y otras medidas basadas en la mano.

Las operaciones más frecuentes eran aparte del trueque y la venta, el préstamo o mutuo, con y sin intereses, transporte; préstamo de uso o comodato; depósito en garantía o prenda; venta a plazos con garantía de prenda o la palabra.

Para asegurar el orden del mercado evitando engaños, abusos y robos, así como para dirimir las controversias que pudieran surgir entre los comerciantes existía:
1) Un tribunal de comercio llamado pochtecatlahtocan, que tenía su palacio (tecpan) propio dentro de la plaza y estaba integrado por 12 jueces;
2) Comisarios o alguaciles llamados tianquiztlipantlayacaque, que deambulaban por la plaza observando que las transacciones se celebraran conforme a las reglas y costumbres del mercado.

Las sanciones que se imponían eran muy severas, llegando incluso a la pena de muerte; así quien pedía prestado o fiado y no pagaba o devolvía lo obtenido era condenado a la esclavitud; el robo merecía la pena de muerte que se ejecutaba mediante lapidación o apedreo en el mismo tianguis.
Existieron mercados especializados: el mercado de esclavos de Azcapotzalco; el de joyas, piedras preciosas y plumas de Cholollan; el de ropa, jícaras y loza de Tetzcoco; el de perros de Acolman; el de pájaros de Tepeyac, etc.

COMERCIO FORÁNEO O EXTERIOR.

Sus principales características eran las siguientes:

Se realizaba por corporaciones o agrupaciones de comerciantes, como las de Tenochtitlan, Tetzcoco, Tlaltelolco, Chalco, Otumba, Iztapalapa, Xochimilco, Tulancingo, Tepeyac, etc.
Se realizaba a través de caravanas o expediciones que llegaron hasta los actuales territorios de Costa Rica y Panamá.
Su actividad traspasaba el ámbito comercial, ya que también tenía fines políticos y militares, ya que además de comerciar los pochteca recogían información de los pueblos acerca de sus recursos, medios de defensa y ataque, topografía, recaudaban impuestos, servían de embajadores, declaraban la guerra, etc. Y su importancia era tal que se dice que no hubo conquista del pueblo meshica que no estuviera precedida de una expedición comercial.

Antes de iniciarse cada expedición de convocaba a cuanto pochteca quisiera participar y en tiempos de paz la dirigían 2 jefes y en tiempo de guerra un jefe común.

Llegaron a existir hasta 69 clases o categorías distintas de comerciantes: los tecuhnenenque o señores viajeros, los pochtecatecuitini o recaudadores de tributos, los nahauloztomeca o “comerciantes disfrazados” que realizaban labores de espionaje y otros muchos más.

Existieron numerosas rutas que eran tanto terrestres como marítimas, incluso hubo una que iba bordeando la península de Yucatán desde la desembocadura del Río San Juan, en Centroamérica, hasta el Golfo de México.

Se calcula que el tiempo que duraban estas expediciones o caravanas era no menor de ocho meses y formaban parte un número aproximado de 2,000 personas.